¿Primavera Europea?

Hoy, Jueves Santo, la plaza Sintagma de Atenas ha recibido la visita de decenas de ‘indignados’ que querían llenar de flores y velas el lugar en señal de homenaje al jubilado fallecido ayer. El hombre, de 77 años, se disparó en la cabeza con una pistola cerca de una entrada del tren subterráneo que se encontraba atestada de viajeros.



Se trataba de Dimitris Christoulas, un farmacéutico jubilado que, como la mayoría de los griegos, era víctima de la crisis económica que sufre el país en los últimos tiempos y que ha sido causa de innumerables propuestas sociales. Tal y como expresaba en la nota que dejó en su bolsillo antes de suicidarse, la pensión que recibía no le llegaba para vivir tras los muchos recortes sufridos.

“Dado que no tengo una edad que me permita responder activamente (aunque sería el primero en seguir a alguien que tomase un Kalashnikov), no encuentro otro modo de reaccionar que poner un fin decente (a mi vida), antes de tener que comenzar a rebuscar en la basura para encontrar comida”, afirmó en la nota.


Ya durante el día de ayer, horas después del trágico suceso, más de 1.500 manifestantes opuestos a las medidas de austeridad se congregaron en la plaza, convocados por las redes sociales y dispuestos a acusar al gobierno y a los políticos griegos, una vez más, de ser la desesperación de los ciudadanos ante la situación del país. “No es un suicidio, es un asesinato” y “Gobierno asesino” eran algunas de las frases que se leían en los carteles que portaban los ciudadanos. La plaza presenció algunos enfrentamientos entre los manifestantes y la policía, que usó aerosoles irritantes para dispensar a los adolescentes, quienes arrojaron botellas de agua a la fuerza pública.

El número de suicidios ha aumentado notablemente en los últimos años en el país heleno, y no es muy descabellado pensar que se trata de una consecuencia más de la grave crisis económica que atraviesa el país, tal y como apuntan especialistas en el tema.

“La situación es terrible. Estos suicidios ocurren cada vez con más frecuencia. No hay nada esperanzador a lo que agarrarse. Todo va a peor”, explicaron dos jóvenes que se encontraban en la plaza.


“Yo siento rabia porque esto es un asesinato y porque todos somos culpables: el gobierno y la troika, por la austeridad; y los partidos de izquierda, a los que yo apoyo, porque son incapaces de unirse y proponer algo nuevo, sólo se preocupan por sus pequeños intereses”, criticó Jronis, de 51 años.


Sin embargo, estas no son las primeras protestas que tienen lugar en la ciudad griega. En el mes de febrero, cientos de manifestantes se enfrentaron a los antidisturbios que custodiaban la sede del Parlamento, donde se debatía el plan de recortes pactado por el gobierno y la troika para desbloquear el segundo rescate.

Son muchos los que ya comparan este suceso con el que hace dos años detonó las protestas del mundo árabe. El 17 de diciembre de 2010, el joven tunecino Mohamed Bouazizi, de 26 años, se quemó a lo bonzo como señal de protesta tras ser decomisado su carrito ilegal de frutas y verduras. A principios del mes siguiente murió como consecuencia de las graves quemaduras. Su muerte es considerada como el principal desencadenante de las protestas callejeras en todo el país y, posteriormente, en toda la franja del norte de África.


En Twitter, los europeos (principalmente) han puesto el grito en el cielo al percatarse de la similitud entre ambos sucesos. Muchos ya vaticinan una ‘Primavera Europea’ y califican estos acontecimientos de “síntomas de una sociedad que está enferma” como consecuencia de la grave crisis económica y social.


¿Desencadenará esta muerte lo mismo que la de Túnez? ¿Servirá este trágico suceso para despertar del todo la conciencia del pueblo griego? ¿Estaremos ante el inicio de la ‘Primavera Europea’?






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