Día Mundial de la Libertad de Prensa

Este blog fue inaugurado con una palabra enormemente significativa: periodigno. Hoy, algo más de un mes después, vuelve a protagonizar la jornada con fuerza. ¿La razón? Celebramos el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una notable carencia en el periodismo de la sociedad de la información, aunque resulte paradójico.
El gran Iñaki Gabilondo, periodista más que veterano, comentaba hoy mismo que, “si el futuro es el que parece que es, el periodismo lo va a pasar muy mal”. Y es que este período de precariedad que nos lleva tocando vivir desde hace varios años no hace ningún favor a la profesión y a los muchos que la ejercen (o, al menos, lo intentan). En los últimos cuatro, son más de 6000 los periodistas que han perdido su trabajo, y el 20% de ellos lo ha hecho en lo poco que llevamos del 2012. Por esto, y por mucho más, centenares de personas relacionadas de algún modo con la causa han querido salir a la calle en un día como hoy para alzar la voz y ser escuchados. En más de 40 provincias de toda España han querido denunciar la grave situación que el sector de los medios de comunicación está atravesando, así como defender la libertad de prensa como instrumento imprescindible para el desarrollo de la democracia.
“Somos garantes del derecho constitucional” o “No queremos ser meros distribuidores de información preelaborada” han sido varias de las innumerables declaraciones que podían verse en las pancartas y carteles que han inundado las concentraciones de periodistas. Y es que, a estas alturas, parece haberse olvidado el esencial papel que un buen periodismo juega en el desarrollo de una democracia justa. Muchos han sostenido, y sostienen, que es el propio periodismo el que permite la existencia de la democracia, que no puede subsistir con censura, ausencia de libertades y la implantación de fuertes sesgos ideológicos. Los profesionales no pueden ejercer como tales cuando no son más que máquinas personificadas que pasan información de arriba abajo, del poder al pueblo. Los buenos periodistas, que los hay, no tienen por qué ver ensuciada la imagen de su profesión porque otros tantos deseen churretearla con trabas al ejercicio de la libertad de expresión.
El periodismo, una profesión necesaria que surgió para acompañar al hombre en su búsqueda y adquisición de libertades, no es capaz de separarse de él ni en los malos momentos. Si el hombre sufre, el periodismo también. Y es eso lo que está ocurriendo ahora. En un período muy difícil económica y socialmente no dejan de recortarse medios: no dejan de recortarse libertades. Rebajas salariales aplicadas a los ya indignos salarios, reducción de las redacciones, instrucciones y normas que coartan la libertad de expresión y el derecho a la información, ruedas de prensa en las que no se aceptan preguntas, el amiguismo entre publicidad e ideología en radios, televisiones y prensa… A lo que hay que añadir el peligro real y físico que sufren los periodistas de países como México, no por la pérdida de su trabajo, sino por la de su vida.
Es, precisamente, en estos momentos en los que se hace necesario alzar la voz para defender y luchar por un periodismo digno, por una democracia digna. Porque sin periodismo no hay libertades, no hay verdades, y, periodistas para contárnoslas, sobran. Logremos que permitan que todos aquellos que pelean, se forman y se ilusionan por ejercer una profesión como la nuestra puedan hacerlo; gritemos fuerte para convencer al mundo de que matando a los periodistas no se mata la verdad; concienciemos a todos de que pueden estropear el periodismo, pero a los buenos periodistas nunca se les consigue callar. Seguiremos informando.

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