La culpa es de los funcionarios

Hace tres días, los trabajadores del sector público volvieron a congregarse en las calles españolas para protestar por los recortes que el Gobierno está llevando a cabo para reducir el déficit. Los miles de funcionarios se dieron cita en la Gran Vía madrileña, de la que cortaron el tráfico, y se dirigieron hacía el Congreso de los Diputados. Allí los esperaba una ingente cantidad de policías que pretendían disolver la protesta. Esta no ha sido una manifestación más, ya que los allí presentes querían celebrar la muerte de sus derechos como trabajadores, simbolizando la misma con atuendos negros y camisetas en las que podían apreciarse señales de ‘stop’. “Menos crucifijo y más trabajo fijo” o “Manos arriba, esto es un atraco” han sido las palabras que los manifestantes han gritado una y otra vez, acompañados de pitos y tambores, además de constantes alusiones al famoso “¡Qué se jodan!” de la diputada Andrea Fabra.

Esta es una más de las muchas protestas que en las últimas semanas están teniendo lugar en distintas ciudades españolas. El Ejecutivo ha aprobado los que son considerados los recortes más grandes de la democracia de nuestro país, entre los que se encuentra la desaparición de una paga extra para más de tres millones de funcionarios. Sin embargo, no es una protesta más cuando atrás quedan otras muchas y el ambiente está ya más que crispado. El sector público parece ser el causante de todos los problemas económicos de España según el(los) Gobierno(s), que no ha dejado de castigarlo por los males que llevamos sufriendo estos años. Según la estimación de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSI-F), éstos han perdido un total del 30 por ciento de su poder adquisitivo en los últimos tres años, contando tanto los recortes estatales como los autonómicos y la congelación del sueldo.

Las redes sociales han sido una valiosa fuente de información y opiniones en los últimos días. Mientras los medios, cada vez más manipulados por un Gobierno controlador, apenas informaban de lo que ocurría en las calles, Internet se hacía con el protagonismo de las noticias mostrando el intenso malestar del pueblo. En Twitter, el hashtag #graciasfuncionarios ha sido lo más nombrado desde el pasado domingo, una buena muestra de que la gente se indigna con el trato que las autoridades políticas han dado al colectivo. 

Y es que en la Belle Époque española, cuando la  gran parte del país se llevaba a casa cantidades de dinero nada despreciables, cuando la mayoría de políticos se forraban sin ton ni son y cualquier analfabeto ganaba de albañil lo necesario para comprar varios coches de lujo, nadie se acordaba de los funcionarios, que se mordían la lengua observando tales sinsentidos. Y resulta que cuando la ya famosa burbuja explota, la culpa es de ellos. Aquellos banqueros que regalaban hipotecas y créditos como si fueran caramelos no tienen nada que ver. Los alcaldes, concejales y diputados que gobernaban lo público a cambio de un sueldo inmoral tampoco tienen velo en este entierro. Claro, son muy pocos, mucho mejor atacar a la gran masa de trabajadores públicos, hacerles creer lo poco productivos que son, y congelarlos.  La culpa, entonces, es de los médicos que se restan horas de sueño y hacen unas guardias tras otras para salvar la vida de la gente, para velar por la salud del pueblo. La culpa es de los jueces y abogados que defienden los derechos de los españoles, de los profesores que enseñan a niños y jóvenes para procurar un mejor futuro al país, de los bomberos que arriesgan su vida apagando fuegos que nadie más está dispuesto a apagar. La culpa es de todos ellos, que llevan años de carrera, estudio y oposiciones a sus espaldas, que se han dedicado a cimentar las bases de la economía de un país en vez de especular con el dinero y que, encima, se ven obligados a escuchar los recurrentes comentarios de la enorme suerte que supone ser funcionario.

Ayer mismo, unos 4000 manifestantes se reunían a media mañana en el Paseo de la Castellana, y hace tan sólo unos minutos cientos de funcionarios de Justicia protestaban ante la sede del PP en Génova. De esto nos enteramos gracias a la labor informativa de ciudadanos ansiosos de verdad, con sed de que se sepa lo que en las calles ocurre, con ganas de acabar con este abuso desmesurado de poder. Mientras luchemos juntos, siempre quedarán esperanzas. La culpa no es de los funcionarios.

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