LA CRISIS ACTUAL, SEGÚN HERMANN HESSE

La historia de la humanidad constituye una interminable sucesión de acontecimientos cíclicos. Aquello de ‘el hombre es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra’ estaba incompleto; el hombre tropieza con la piedra, le da una patada al frente y sigue caminando hasta volver a tropezar. Y así sucesivamente.

No hay más que mirar atrás: los mismos conflictos internacionales, crisis económicas y problemas medioambientales, pero con distinto nombre. Tenemos tan poca imaginación que los títulos para las guerras mundiales han terminado por adaptarse al modelo fílmico de una saga.

Con el siguiente fragmento literario, nos remontamos nada más y nada menos que a 1932; en los albores de una nueva guerra, y con el ambiente caldeado por el término de otra, Hermann Hesse nos deleita con la siguiente introducción a una serie recopilatoria de textos titulada El arte del ocio:

“Desde mi punto de vista, estos escritos ocasionales, que se sirven a sabiendas y deliberadamente de la forma coloquial llamada ‘feuilleton’, constituyen, en primer lugar, una parte accesoria de mi trabajo; en segundo lugar, estas manifestaciones circunstanciales, un poco juguetonas y a menudo teñidas de ironía, tienen para mí un sentido que las relaciona: la lucha contra lo que, dentro de nuestra opinión pública, yo llamo el optimismo falaz… la lucha contra la religión del hombre moderno soberano, que está de moda en Europa y en América, del hombre que ha conseguido abrirse paso y hacer carrera…, contra la autosuficiencia, sin duda infantil pero profundamente peligrosa, del hombre-masa, sin fe y sin ideas, en su frivolidad, su arrogancia, su falta de humildad, de dudas, de responsabilidad. Las palabras de esta índole… no se dirigen a la humanidad, sino al momento concreto, a los lectores de periódicos, a una masa cuyo peligro –estoy convencido de ello- no consiste en la falta de fe en sí misma y en la propia grandeza. Con bastante frecuencia, a la advertencia general sobre la sinrazón de esta ‘hibris’ humana, he unido la advertencia inmediata sobre los sucesos de nuestra historia reciente, sobre la irreflexión y la jactanciosa frivolidad con que fuimos a la guerra, sobre la repugnancia de los pueblos y de los individuos a buscar en sí mismos la responsabilidad de dicha guerra.”

Hacia 1932, el ‘crack’ del 29 había dejado las economías europeas por los suelos: Alemania debía de hacer frente a una cantidad inverosímil por ‘daños de guerra’, y a causa de la suspensión del flujo de créditos estadounidense, del que dependía, numerosos bancos alemanes como el Reichsbank, comenzaron a quebrar, arrastrando a la ruina a muchas empresas viables. Todo esto, junto con la política de reducción salarial, hizo que para 1932 el número de parados en Alemania ascendiera a la friolera cifra de seis millones. El abatimiento alemán favoreció el nacionalismo y el discurso exaltado que justificaba la guerra y hacía responsables a otros, haciendo germinar así a una sociedad deshumanizada, irracional.

Casi un siglo después podemos decir que seguimos en las mismas; nos encontramos ante un hombre-masa pasivo, inmutable ante la desdicha humana, la inmoralidad…, tan habituado a la injusticia que pasa de largo ante ella. Egoísta y pseudoaltruista, y convencido de que sus industrializadas metas no son fruto de la ‘fábrica de sueños’ que es el mundo; donde, sin un papelito que certifique un título, por mucho que hayas vivido, no eres nadie.

La ‘religión del hombre moderno soberano, que menciona Hesse, carece de toda espiritualidad, pues es el consumismo en el que ha desembocado nuestro capitalismo radical: Esta sociedad panteísta se evidencia en cada escaparate, en el tiroteo comercial al que nos vemos expuestos a diario, en la dantesca procesión de políticos, banqueros, obreros, empresarios y funcionarios, todos ellos satisfaciendo los convencionalismos exigidos por el dogma de esta religión. Este hombre ha logrado abrirse paso y hacer carrera… hasta el punto de que todos nos hemos convertido en ese hombre.

Un paralelismo con tintes futuristas:

Hacia 2012, el crack’ de 2008, con la caída de Lehman Brothers, había dejado las economías europeas por los suelos. España debía de hacer frente a una deuda cada vez mayor, fruto de acumulación de créditos y rescates, y entidades bancarias como Bankia comenzaron a tambalearse, llevándose el dinero de millones de ciudadanos en un rescate suicida. Todo esto, junto con la política de recortes, hizo que para 2012 el número de parados en España ascendiera a la friolera de cinco millones seiscientos mil.

No auguro el ascenso a una nueva dictadura. Tampoco el tercer volumen de una nueva guerra. No obstante, consideremos las últimas frases del fragmento de Hesse:

“…a la advertencia general sobre la sinrazón de esta ‘hibris’ humana, he unido la advertencia inmediata sobre los sucesos de nuestra historia reciente, sobre la irreflexión y la jactanciosa frivolidad con que fuimos a la guerra, sobre la repugnancia de los pueblos y de los individuos a buscar en sí mismos la responsabilidad de dicha guerra.”

Nos obnubilamos criticando toda cumbre de poder, puesto que, como el poder corrompe; son corruptos. Pero seguimos manteniendo nuestro dinero en sus bancos, nuestras acciones en sus empresas y rindiendo homenaje a la obsolescencia programada que es el consumismo. Podemos criticar, debemos juzgar lo injusto, pero, como dijo Herman Hesse; debemos buscar en nosotros mismos la responsabilidad de esta guerra.

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