Anonymous comienza la operación “Libertad a Assange”

El grupo de piratas informáticos Anonymous se ha atribuído hoy mismo la autoría de varios ciberataques contra el gobierno británico como represalia por el trato a Julian Assange en Londres, donde se encuentra encerrado en la embajada de Ecuador desde hace dos meses. Ha sido el propio movimiento, desde su Twitter, el que ha reconocido el ataque contra diversas páginas oficiales, apuntando que se trata de la operación “Libertad a Assange“. Como Anonymous, muchas otras organizaciones y colectivos apoyan al australiano en esta complicada etapa de su historia con la justicia y piden su libertad. Pero, ¿cómo comenzó todo? ¿Qué ha ocurrido desde las filtraciones de Wikileaks en 2010 sobre las guerras de Irak y Afganistán, el asesinato de periodistas o el Departamento de Estado de EEUU? ¿Qué le espera a Assange si cae en manos de la justicia norteamericana? ¿Cuáles son los motivos reales de su acusación? Les invitamos a conocer a fondo los hechos para entender mejor lo que los medios cuentan estos días.

La historia de Assange comienza en el verano de 2010, cuando es invitado a dar una conferencia en Estocolmo. Anna Ardin, una activista cubana presente en el seminario, le ofrece su casa para hospedarse. Esa noche, tal y como declaran ambas partes, “hubo sexo consentido”. Al día siguiente, en una fiesta organizada por la propia activista en honor a Assange, éste conoce a Sofía Wilen, que también lo invita a su casa y con la que termina pasando la noche.

Una vez Julian Assange había abandonado el país, las amigas Ana y Sofía hablaron y se contaron lo vivido. Ambas se enfurecieron y, sin pensarlo, denunciaron al australiano por su “renuncia a utilizar condón”. Recordemos que en Suecia éste es un hecho de extrema gravedad, pues se considera de alto riesgo no utilizar el profiláctico y las mujeres pueden reclamar un atentado contra su cuerpo. Sin embargo, la jueza Eva Finné, tras haber declarado las chicas que las relaciones habían sido consentidas, desechó el caso. Aún no estaba archivado del todo cuando otra jueza lo reabrió alegando que aún se podía procesar al periodista por haber practicado “sexo por sorpresa”, como se le llama en Suecia a las relaciones íntimas sin preservativo.

El fundador de Wikileaks, que había permanecido oculto desde que se iniciara el caso, fue detenido por la fiscalía sueca. Ante su huída del país, la policía solicitó la intervención de la Interpol, que emitió en noviembre una alerta roja de búsqueda para capturarlo y extraditarlo a Suecia. A principios de diciembre, cumpliendo la orden europea de detención internacional emitida desde Suecia, la policía metropolitana de Londres lo detiene después de presentarse en una comisaría voluntariamente. Aunque la fiscalía sueca quería mantenerlo en prisión, el tribunal británico lo puso en libertad bajo fianza el 16 de diciembre.

En febrero de 2011 un juez británico autoriza su extradición a Suecia, haciendo oídos sordos a la defensa del periodista, que mantenía que allí no se le daría un juicio justo, debido al recelo de la opinión pública y los medios, y se facilitaría su extradición a EEUU, donde los ultraconservadores habían pedido juzgarlo por espionaje y tracición y podrían someterlo a pena de muerte. En noviembre, el Tribunal Superior de Londres da luz verde a la extradición, a la vez que autoriza a Assange a recurrir la misma ante el Tribunal Supremo. En diciembre, éste acepta la tramitación del recurso.

El 14 de junio de este año, el Tribunal Supremo rechaza la petición del australiano, y cinco días más tarde el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, informa de que Assange ha solicitado asilo político a la nación suramericana y se encuentra en la Embajada de Ecuador en Londres. Al violar las condiciones del arresto domiciliario en el que se encontraba, la policía londinense le advierte de que puede ser detenido en cuanto cruce la puerta de la embajada. El pasado jueves, hace tan sólo cinco días, el gobierno ecuatoriano ha concedido asilo a Julian Assange, que permanece aún en la embajada, afirmando que su vida corre peligro si finalmente es extraditado a EEUU.

Numerosos grupos, plataformas y organizaciones de activistas se han volcado con el caso del fundador de Wikileaks. Todos ellos, al igual que cientos de miles de ciudadanos de diversos países, coinciden en que detrás de este complejo caso judicial por “violación y acoso sexual” se encuentra el rechazo y rencor de numerosos organismos internacionales por las informaciones reveladas por las redes de Wikileaks. Anonymous, que ya mostró su apoyo a Assange en 2010 al bloquear la página de la Fiscalía de Suecia y de MasterCard después de que ésta y Visa suspendieran los pagos a Wikileaks, ha atacado hoy las webs del ministerio de justicia e interior británicos, así como la de Downing Street. En Twitter, Facebook y demás plataformas, que han sido el reflejo del apoyo al periodista, todos se suman a las palabras que él mismo pronunció ayer desde el balcón de la embajada ecuatoriana y ante las cámaras de decenas de países:

“Agradezco al personal de Wikileaks, a la gente que lo apoya y a sus fuentes, cuyo coraje, dedicación y lealtad no han conocido igual. Con Wikileaks bajo amenaza, también lo están la libertad de expresión y la salud de nuestras sociedades. Debemos utilizar este momento para articular la elección ante la que se encuentra el gobierno de los Estados Unidos de América. ¿Regresará a los valores sobre los que fue fundada su nación y los reafirmará? ¿O se tambaleará hasta caer por el precipicio, arrastrándonos a todos a un mundo peligroso y opresivo, en el que los periodistas guardan silencio por miedo a ser perseguidos, y los ciudadanos deben susurrar en la oscuridad? Estados Unidos debe dar su palabra ante el mundo de que no perseguirá a periodistas por arrojar luz sobre los crímenes secretos de los poderosos”

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