¿En qué se basa Novartis para mantener su postura? El eterno juicio se aplaza a Septiembre

El pasado 22 de agosto, el Tribunal Supremo indio resolvió aplazar el juicio sobre el caso Glivec. Hablamos de un juicio que lleva siendo aplazado desde el año 2009.

El día del juicio, la portavoz de Novartis en la India, Svetlana Pinto, explicaba: “No ha habido vista hoy. Se ha aplazado hasta el próximo 11 de septiembre“.

Mientras esperamos la próxima vista, dentro de once días, hemos realizado una traducción del artículo ‘Don’t abuse patents: scientists, de Brian Druker; uno de los científicos que descubrió el “mesilato de imatinib“, compuesto principal del fármaco Glivec:

“La labor crítica de científicos y organismos del sector público, así como de instituciones académicas envueltas en investigación médica, ha sido en muchas ocasiones pasada por alto. Como uno de los científicos desarrolladores del medicamento ‘imatinib’ (comercializado por Novartis como ‘Glivec’), que ha permitido el control efectivo de un devastador tipo de cáncer, he sido testigo del papel vital que juegan investigadores académicos e investigaciones públicas, proporcionando nuevos medicamentos al mercado.

 Muchos científicos, por no decir la mayoría, con los que he colaborado en este escenario, se dedican a investigar motivados principalmente por la búsqueda del conocimiento, como método de ayuda a los pacientes. A muchos de estos científicos, les resulta muy preocupante que los resultados de sus esfuerzos no lleguen a sus pacientes y, por tanto, no salven vidas a causa de las estrategias de mercado y políticas de patentes, tales como la táctica de patentes ‘evergreening (ligeros cambios en el diseño de moléculas ya existentes, para extender los monopolios de las patentes), empleados por compañeros de otras partes del proceso de desarrollo de los medicamentos.

La leucemia mieloide crónica es un desorden de las células de la sangre, que se transforman a través de una ‘fase acelerada’ en una leucemia inalterable y fatal. Imatinib ha mejorado radicalmente el tratamiento para este desorden, y pacientes tratados con esta medicación podrán seguir manteniendo una gran calidad de vida. El desarrollo de este medicamento permite abrir una senda en el descubrimiento científico que ilumina la colaboración y abre el proceso de innovación, donde tanto el sector público como el privado, juegan un papel indispensable.

El visto bueno comercial que se le dio a ‘imatinib’, fue el resultado de investigaciones a lo largo de décadas, marcadas por la colaboración internacional de científicos de diferentes instituciones académicas y del sector privado. La investigación básica que permitió la identificación de las enzimas inhibidoras para la leucemia mieloide crónica, data de después de 1960, con la identificación del ‘Cromosoma Filadelfia en pacientes con leucemia mieloide crónica, por los investigadores de la Universidad de Pennsylvania; Peter Nowell y David Hungerford.

En 1973, Janet Rowley, de la Universidad de Chicago, determinó que el cromosoma anormal tendía a una translocación del material genético. En los años ochenta, varios laboratorios, incluido el mío, jugaron un papel importante en mostrar cómo el ‘Cromosoma Filadelfia’ produce una proteína (Bcr-Abl) que causaba cáncer. Esta investigación también sugirió claramente que el bloqueo selectivo de la enzima Bcr-Abl podía proporcionar un medio de control y prevenir la progresión de la Leucemia mieloide crónica.

A finales de los años ochenta, comencé a colaborar con la industria de científicos de Ciba-Geigy (ahora llamada Novartis) que estaban desarrollando inhibidores para el tipo de enzimas de las que depende la proteína Bcr-Abl. Tanto la comunidad científica como la industria farmacéutica fueron muy escépticos acerca de la utilidad y selectividad de estos inhibidores de la enzima, y el interés era limitado. A pesar de ello, yo sugerí que la enzima de la leucemia mieloide crónica (Bcr-Abl) podría ser un objetivo ideal para el tratamiento de la enfermedad.

 En 1993, me trasladé a la Universidad de ciencias de la salud de Oregon, en Portland. Fui con el único objetivo de encontrar una compañía que tuviera el mejor inhibidor para la enzima Bcr-Abl, con el fin de llevarlo a los ensayos clínicos. Mi trabajo en Oregon, en el tratamiento para la leucemia mieloide crónica, fue principalmente financiado por organismos públicos, especialmente por el Instituto Nacional del Cáncer. Mi persistencia con los científicos de Ciba-Geigy (ahora Novartis) ayudó a mantener el desarrollo de ‘imatinib’ en su agenda, a pesar de la desconfianza de los jefes del producto. Como ‘imatinib’ progresó a través de tempranos y tardíos ensayos clínicos, y mostró resultados excepcionales, el interés científico y de los medios en nuestro descubrimiento creció. La aprobación de ‘imatinib’ por el FDA, en mayo de 2001, para el uso en la Leucemia mieloide crónica, fue la culminación de un proyecto de diez años para mi, algo que yo estuve soñando desde que me encontraba en la escuela médica.

Sin embargo, el precio por el cual ‘imatinib’ ha sido puesto en venta por Novartis alrededor del mundo, me ha causado un malestar y desacuerdo considerables. Las empresas farmacéuticas que han investigado en el desarrollo de medicinas, deberían lograr un retorno sobre sus inversiones. Pero esto no significa que se deba permitir el abuso de estos derechos exclusivos, a través de precios excesivos y la búsqueda de patentes a partir de cambios menores para extender el monopolio de sus precios. Esto va en contra del espíritu del sistema de patentes y no está justificado, dadas las vitales investigaciones hechas por el sector público a través de décadas, que hace posible el descubrimiento de estos medicamentos.

 Las instituciones públicas, alrededor del mundo, han jugado continuamente un papel crítico en la búsqueda que conduce a nuevas medicinas vitales que llegan al mercado. Sin la investigación, el acceso a medicamentos se convierte en un bien de lujo. Muchos de mis compañeros se sentirían muy heridos si vieran que esto podría ser el resultado de nuestras décadas de esfuerzos.”

Brian Druker, chair of Leukemia Research and professor of medicine at the Oregon Health and Science University Cancer Institute, is recognized as the key researcher behind the discovery of STI571 or imatinib (marketed as Glivec by Novartis). Comment at theirview@livemint.com

Tal y como nos muestra Brian Druker, podemos observar que Novartis no tenía mucho interés en la investigación acerca del imatinib, y que fue, una vez se percató del éxito que la venta de este medicamento le podía proporcionar, cuando decidió  interesarse por el mismo, olvidando el papel de organismos públicos, así como la financiación de estos, y tratando de monopolizar el comercio de un medicamento que salva millones de vidas, a precios desorbitados.

Si este era el testimonio de uno de los descubridores del medicamento, ¿En qué se basa Novartis para defender su postura?

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